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lunes, 12 de octubre de 2009

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA
por Diana Barrera

Mi profesión es psicóloga educativa, y recuerdo que mi deseo desde pequeña era estar frente a grupo, pues ya desde entonces jugaba a la escuelita y ser maestra, mi primera intención fue hacerlo como Licenciada en Educación Preescolar, pero luego me desanimé y estudié psicología, pero tratando de seguir con lo que yo quería desde pequeña elegí el área educativa.

Durante las prácticas de formación en la carrera, tuve la oportunidad de adquirir algo de experiencia en educación especial, lo cual me encantó; también pude hacer practicas en kínder, primaria, secundaria y hasta con prepa. Cuando me tocó hacer mi servicio profesional me ofrecieron hacerlo a nivel medio superior y después las cosas se fueron dando; pues mi primer empleo ya como profesionista fue en un CECyTE dentro de orientación educativa, en INAEBA a la par y finalmente en VIBA y ahora también en una Universidad. La única vez que tuve contacto con empresa, fue como consultor externo dentro del área de instrucción y capacitación, pero sin mayor trascendencia, a lo largo de todo este recorrido, me di cuenta que me gusta mucho el estar frente a grupos, pues creo firmemente en que la educación cambia vidas y genera mejores opciones en las personas.

Pienso que la labor del profesor es humanizar, pues la educación humaniza como bien lo señala Savater*. Dice Sahagún** que “el hombre se hace hombre, sólo entre los hombres” y esa es la labor de los docentes: formar hombres cabales, capaces de dar respuesta a las exigencias de su entorno; el simple aprender se da con la interactividad del hombre con el objeto, pero la educación se logra con la interactividad y la interacción, en esa relación de yo con otros a través de la comunicación, con lo cual, se enriquece no sólo nuestro conocimiento, sino nuestra humanización.

Trabajar en el nivel medio superior ha sido revitalizante y enriquecedor, pues con los adolescentes aprendo mucho, en verdad creo que ellos me han dado más de lo que yo les he podido aportar. Su ingenio, tenacidad, valentía e idealismo son algo que los adultos deberíamos conservar y no perder. Esto es lo que realmente me satisface de mi trabajo el poder compartir con ellos mi experiencia y a la vez poder aprender con ellos ya que “Nadie sabe tanto, como todos juntos”.

Lo único que no me gusta de mi trabajo es el sentimiento de impotencia que a veces me llega, cuando no sé cómo lograr los objetivos, cómo aplicar lo aprendido en algunos cursos o cuando oigo las historias de algunos de mis alumnos en las que las opciones parecen ser mínimas y reducidas, cuando parece que todos los esfuerzos realizados fueron fútiles y sin trascendencia, cuando los resultados fueron nulos o imperceptibles, pero entonces recuerdo que es ahí cuando más hay que trabajar, más esforzarse y continuar. Pues como señala Fernando Savater* en su carta a la maestra “el ser educador implica ser optimista y creer en la perfectibilidad del ser humano”, no darte por vencido a pesar de las condiciones y continuar intentando e implementando lo que en tus manos esté.

Después de estos 14 años de trabajo con los adolescentes, me doy cuenta de que trabajar con ellos ha sido lo mejor que me ha pasado laboralmente, me gusta poder ser parte de su vida aunque sea sólo por un tiempo y me da una enorme satisfacción el que me busquen para contarme cómo les ha ido, o que me manden saludar con sus primos, hermanos o conocidos que ahora son mis alumnos.

Definitivamente como muchos de mis compañeros, nunca fue mi primera opción el trabajar con adolescentes, pero después de un tiempo, uno aprende a amar este trabajo y hacer de ello una fuente de felicidad y satisfacción.

Hasta Pronto y espero sus comentarios

*Savater, Fernando. “El Valor de Educar”. Editorial Ariel.
** Sahagún, J. (1996) “Las dimensiones del hombre” Ediciones sígueme. Salamanca, España.

MI AVENTURA DE SER DOCENTE

MI AVENTURA DE SER DOCENTE
por Diana Barrera

Como docente he disfrutado mucho de mi trabajo frente a los grupos, pero no siempre fue así. Al inicio el trabajar con adolescentes no era una opción, el solo pensar en estar frente a todo un grupo de “revoltosos” me asustaba. Pero como dice Esteve** “En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado” y creo que al paso del tiempo poco a poco lo he ido consiguiendo; pues finalmente esto es lo que el maestro debe lograr para hacer bien su trabajo. Sobre todo con los adolescentes, pues recordemos que ellos están en esa búsqueda de su identidad, y ¿cómo poder ayudar a un adolescente a construir su identidad si el docente aún no lo hace?

Los sentimientos que he experimentado han sido variados, desde la apatía hasta la pasión por lo que hago, desde la tristeza a la alegría y el enojo, pero éstos son entendidos cuando los identificamos. Por principio, se puede decir que cuando se inicia en el trabajo de ser maestro existe miedo y quizás hasta duda. Ante esto, la primera opción para enfrentar el “problema”, como lo señala Esteve**, “es repetir patrones” lo cual yo también hice, o poniendo cara de “malos”; pero luego me dí cuenta, de que cuando nos convencemos de lo que hacemos y creemos en ello, con la seguridad de que lo hago lo mejor que puedo; entonces creces, creas, contribuyes y disfrutas. Lo rescatable de todo esto es que con todo y lo frustrante que puedas encontrar en el camino, continuamos en él y buscamos hacerlo mejor cada día.

Mi preocupación esta en el hecho de saber si realmente estamos haciendo lo que debemos hacer, por ello para mí ha sido importante prepararme para hacer mi trabajo lo mejor posible; pero sobre todo, reconocer que las personas a las que dedicamos nuestro trabajo son seres sensibles que debemos ayudar a la construcción de su felicidad y por ende mayor calidad de vida, pues al hacerlo contribuyo a mi propia felicidad y calidad de vida.

Por último mi satisfacción ha estado en compartir y aprender con mis alumnos, pues ha sido muy rico el darme cuenta que al igual que los demás somos humanos y debemos estar concientes que todos aprendemos de todos, compartiendo con ánimo lo que sabemos. Ser maestro es más que enseñar, es abrir caminos, coadyuvar al crecimiento personal, impulsar a los demás. Cualquiera enseña pero no cualquiera es un maestro que sabe educar.
**Esteve, José M. “La aventura de ser maestro”. Universidad de Málaga